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Sindicato Independente dos Médicos

Cuando ya no puedes más

14 setembro 2019
Cuando ya no puedes más
Qualquer semelhança com o que se passa com os Médicos de Família portugueses é pura ficção pois por cá não só está tudo bem como até está tudo melhor, rezam as crónicas do Poder.

Mantivemos deliberadamente a crueza do relato na língua castelhana, facilmente compreensível.

Sim... Lá como cá ... 'Cuando ya no puedes más':
[Adelantamos aquí el primer capítulo de 'Cuando ya no puedes más', que publicará el próximo 16 de septiembre el nuevo sello Anaconda Ediciones. En sus páginas, el médico rural Enrique Gavilán relata una experiencia compartida por tantos otros doctores en el infierno de la atención primaria de la sanidad pública española, en la que los horarios extenuantes, la sobrecarga de trabajo que impide atender a cada paciente como merece, los recortes, la privatización y el caos organizativo van haciendo poco a poco mella en la pasión vocacional con que tantos profesionales iniciaron su carrera, hasta el punto de desembocar en la depresión.]

11 de enero de 2019. Pilar, una médica de familia en la plenitud de su carrera profesional, anuncia en una cadena de televisión que abandona su puesto en el centro de salud donde trabaja, situado en una capital de provincias del interior. Su motivo: siente que no puede más. Al duro trabajo cotidiano, con consultas abarrotadas de decenas de pacientes propios y de compañeros ausentes no sustituidos, en jornadas de siete horas diarias casi ininterrumpidas atendiendo toda suerte de problemas, se suma ahora la imposición por parte de sus jefes de una jornada complementaria de tarde y de fines de semana para atender urgencias. Deja atrás un puesto de trabajo fijo, ganado en una dura oposición, y más de veinte años de ejercicio vocacional y entregado. Se despide de sus pacientes con un cartel en la puerta de la consulta: "Me gustaría seguir atendiéndoles, pero así, no puedo. Lo siento". En la televisión, justifica su postura: "Es que terminas desquiciada. No puedo trabajar así. Nosotros somos seres humanos. La medicina requiere [dedicación en] alma y cuerpo. Nosotros no podemos trabajar así. Estamos bloqueados, sometidos a un estrés tan grande que realmente no te da tiempo ni a pensar". Por delante, solo incógnitas. Al renunciar a su trabajo de manera 'voluntaria', no tiene derecho a la prestación por desempleo. Está a cargo de una familia con tres hijas. A su lado, otras dos compañeras, interinas, toman la misma decisión.

Pilar es una entre miles. Como ella, como yo, muchos médicos de familia y otros compañeros que trabajan en la atención primaria hemos pasado por el mismo infierno. Muchos hemos pensado en dar el mismo paso que ella y sus dos compañeras, incluso abandonar del todo la práctica clínica y dedicarnos a otra cosa. Otros muchos hemos pagado con nuestra propia salud trabajar en condiciones abusivas durante años. Si hemos logrado aguantar durante este tiempo, es por el amor a una profesión y por respeto al sufrimiento de nuestros pacientes. Pero, como nos recuerda Pilar, somos humanos. Somos vulnerables. Tenemos límites. Y esos límites hace mucho que se han sobrepasado.

En los últimos meses, hartos de una situación que se remonta a varias décadas atrás, los médicos de familia hemos salido a la calle para reclamar mejoras en nuestras condiciones de trabajo. Una ola de indignación y de rabia sacude los cuatro costados de España. Primero fue la huelga en Cataluña. Luego en Galicia. Y en Andalucía, Euskadi, Madrid... Se suceden concentraciones en las fachadas de los centros de salud. Protestas a diario en las sedes de las consejerías de sanidad. Editoriales y noticias en prensa, radio y televisión. Testimonios de compañeros cansados, derrotados, denigrados, hartos, al borde de perder la razón. Cartas a los reyes magos en redes sociales y blogs pidiendo soluciones milagrosas. Súplicas que nadie atenderá.
Testimonios de compañeros cansados, derrotados, denigrados, hartos, al borde de perder la razón...

El detonante en cada región ha sido diferente, pero el sustrato en todos los lugares es el mismo: la sobrecarga laboral, la no sustitución de nuestras consultas cuando nos tomamos permisos o vacaciones o enfermamos, la precariedad que deben asumir nuestros jóvenes profesionales, el sistemático ninguneo por parte de nuestros jefes, los continuos desaires de los compañeros del hospital a la tarea que realizamos desde los centros de salud, la supuesta falta de profesionales que está diezmando nuestros consultorios —mientras vemos cómo cientos de jóvenes, preparados en nuestras facultades y unidades de formación especializada, se ven obligados a emigrar a otros países en busca de mejores oportunidades de trabajo—, la deriva hospitalcentrista y la tecnofascinación de la sanidad que deshumaniza nuestro día a día, la indignación ante la inoperancia de los políticos y el hartazgo ante sus incumplidas promesas.
Texto completo em El Confidencial.
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